Otra mañana por el Parque de la Candamia. Por la ruta del colesterol. En busca de los pajarillos que aprovechan el espeso matorral para alimentarse. Un lúgano revolotea y me indica su presencia. Un ave confiada que me permite acercarme (hasta una distancia prudencial) y hacerle unas fotos mientras come. No huye de mi presencia, lo hace ante la llegada de un grupo de andarinas que con su paso acelerado y conversación continua (es que no callan!!!!!) le asustan.
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