28/02/2015
Como el horizonte al amanecer, nuestros corazones se inflaman al paso de las grullas.
Ayer por la noche llegamos a Gallocanta. La laguna endorreica más grande de la península ibérica y la mayor de agua salada de Europa.
Punto de invernada y encuentro de miles de grullas que en estos días se encaminan hacia sus lugares de cría y la utilizan como lugar de reposo.
Los frentes fríos situados sobre Pirineos han frenado la migración. La estabilización del tiempo dará este fin de semana la salida a estas aves. Sin pronósticos, sin noticiarios, las aves lo perciben. Durante los últimos días apenas abandonan los alrededores de la laguna. Se agrupan en bandos inmensos y realizan pequeños desplazamientos. Esperando el momento para partir y para llegar a tiempo a los lugares de cría.
Nunca he tenido problemas para madrugar. Menos en una situación como esta. El cansancio vendrá más tarde, ahora es momento de disfrutar.
Algunas de las grullas (cientos, tal vez miles) deciden esperar. Mientras, se desplazan a los campos contiguos para alimentarse y es cuando sobrevuelan sobre nuestras cabezas.
El frío atroz acartona nuestra cara con una sonrisa.
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