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Catedral de León- Portada del juicio final- Dovelas de la Resurrección


Catedral de Leon. Portada de la Virgen Blanca o del Juicio Final.


Con el tercer acto, se inicia la impresionante llamada que los ángeles hacen a los muertos para que salgan de las tumbas y ser juzgados. Aunque los otros evangelistas no precisan número, San Juan dice son siete tocando las trompetas. En León, son cinco, tocando unos caramillo, dos tuba y un serafín en la clave, todos colocados en la parte superior de la arquivolta interior.


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El primero de la derecha, tocando el caramillo, está de frente, ocupando todo el espacio con las alas simétricamente situadas


















Encima del anterior, un ángel tocando la tuba, también instrumento de viento, similar al usado en
Jericó que era mayor y de sonido más grave, que combinado con la aguda estridencia del caramillo, resultaba un sonido muy apto para el momento.

















Los ángeles del lado opuesto forman con éstos perfecta simetría.
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Sobre ellos, en la clave, un serafín (los serafines se caracterizan por el ardor y la pureza con que aman las cosas divinas y por elevar a Dios a los espíritus de menor jerarquía).


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En el siglo XIII, en la resurrección no se representaba a los muertos por el esqueleto, como en la visión de Ezequiel, sino que salen desnudos o escasamente tapados, y de la edad ideal de treinta años. En esta escena predomina el movimiento, ya que los resucitados salen rápidamente al primer toque de trompeta.

Estas escenas están esculpidas en la arquivolta exterior; cuatro en la mitad superior derecha, y ocho ocupan todo el lado izquierdo, uniéndose en la clave donde se representa a un ángel con un alma desnuda.

Gran imaginación y sentido del recato es la tónica del artista leonés, ya que solo en una ocasión deja ver el sexo de un joven, pero difuminado, y otras dos lo deja entrever bajo el sudario. En todas las ocasiones, menos en una, los ángeles ayudan a salir de sus tumbas a los resucitados.


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Hacia la mitad de la arquivolta exterior derecha, se ve la salida de una joven del sarcófago aliabierto, que aparece desnuda, aunque algo cubierta por su mano, apreciándose proporciones correctas, ayudándola a salir un ángel sin alas, semiarrodillado sobre el ataúd, y cubierto con un manto con airoso zigzag, que le da gracia al conjunto.










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En la siguiente dovela, un joven sale del sepulcro, con la grata sorpresa de que su ángel custodio le proteje cariñosamente. El ángel tiene el cabello corto y viste túnica que cubre algo al resucitado, que lleva sudario que recoge por delante con una mano, para cubrir sus formas corporales. En primer plano aparece un resucitado que se incorpora con gran agilidad, apareciendo un ángel en la tapa de su sepulcro. El artista, aprovechando los espacios con multidud de figuras, quiso dar el efecto de Resurrección Universal.








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En la siguiente dovela, aparecen cuatro personajes resucitados: un rey coronado, detrás su esposa, a su lado un joven con las manos juntas, y debajo, asoma un cuerpo en el sarcófago semiabierto, cubierto escasamente con el sudario.
















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Sigue, al lado de la clave, otro resucitado recibido por un ángel. Estas dos figuras tienen sentido del movimiento, y los pliegues son muy agradecidos.
















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En la arquivolta izquierda, en la primera dovela inferior, se figuran dos ángeles y dos resucitados completamente desnudos: un adolescente, con una rodilla en tierra, que le da la mano a un ángel de cabellos cortos, que a su vez sostiene a otro resucitado más pequeño, que representa a un niño, siendo ambas figuras la excepción a la edad de treinta años; por estar ambos en una sola tumba, es lógico pensar, que la figura más pequeña, será su alma. Otro ángel sostiene en la tapa del sepulcro, y tiene melena partida en dos, como el resucitado, y suave expresión de ensueño.





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Las tres dovelas siguientes, se dedican a representar la resurrección de religiosos, tema preferido del artista. En la primera, aparece un fraile encapuchado, que le ayuda a salir de la tumba un ángel, situado encima de la tapa, y mirándose los dos. Tras la tapa levantada, otro fraile con capucha, joven, de cara redonda y suaves facciones, mirando risueño a lo alto.















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La siguiente, es parecida, con la misma disposición de las alas asimétricamente colocadas. Sostiene el ángel a un resucitado con hábito y cíngulo de nudos de la orden franciscana, está con el pie sobre el sepulcro que en su interior tiene otro resucitado en actitud de salir, pues ya tiene colocados los brazos en los lados. Las figuras están llenas de movimiento.











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La dovela de más arriba , representa a un fraile con la capucha quitada que está sacando un pie del sepulcro, detrás de cuya tapa, se ve parte de la cabeza y cuerpo de otro resucitado, cuyo sepulcro está al fondo. El ángel sostiene el brazo del fraile con una mano y con la otra en lo alto señala con un dedo a Cristo Juez.















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En la dovela siguiente se cambia la decoración. Dos resucitados salen de sus tumbas, una de ellas empotrada en el muro. Los dos son jóvenes, uno de pie, desnudo pero con el sexo tapado, cabellos cortos y gorro de rabino. El otro con el cuerpo doblado y torso desnudo, mira al fondo del ataúd. Sobre la tapa la cabeza de un ángel.













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En la siguiente se representa la resurrección de un alto dignatario de la iglesia, con las manos en alto implorando a Cristo-Juez, en la que esta acompañado de un ángel que sujeta la losa del sepulcro. Tocado con mitra y cubierto de un sudario, a pesar de ser una persona de edad (por lo de alto dignatario) se le representa por la figura de un joven.













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En la escena siguiente un rey sale de su tumba, mientras un ángel sostiene la tapa. El cuerpo del resucitado vuelve a representarse con el cuerpo de una persona joven. En el movimiento de salida, pone el pie sobre otra tapa de sepulcro a medio abrir y donde se ve otro resucitado.













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Ultima dovela de la Resurrección. Otro rey resucita con teatral actitud. Como las anteriores va semidesnudo y de la mano de un ángel.

La descripción corresponde a un rey, pero si nos fijamos, la cara y los pechos bien podrían ser los de una reina (ellas, si las había, también tendrían derecho a resucitar).












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Textos extraídos de "La Ciudad de León" de José María Villanueva Lázaro 







León: Los Cuatro Elementos



Hace tiempo, el arte era distinto y la gente también.

Los caminantes peregrinos conocían la interpretación de los secretos que los maestros canteros tallaban en la piedra. 

La piedra se alió con el simbolísmo para trasmitir los conocimientos precisos para alcanzar pautas de luz, de sabiduría, de conocimiento.

Hoy cientos de años después, con sistemas de información más desarrollados, con años de estudio (bien o mal aprovechados, es otro cantar), o con el Gran Hermano Internet en el bolsillo, me planto en el barrio de La Lastra ante el monumento de Los Cuatro Elementos y no llego a descifrar lo que el autor (en este caso autora) ha querido trasmitirnos.

Los Cuatro Elementos: agua, aire, tierra y fuego.

Acompañados por cuatro figuras de la mitología griega: Prometeo, Sísifo, Narciso y Ícaro.

Cuatro elementos y cuatro personajes que en palabras de su creadora aclara el significado de su obra:

                “Todos somos Prometeo porque estamos encadenados a la tierra donde tenemos que desarrollar nuestro destino; somos Sísifo porque cada día cargamos con una piedra para llegar a la cima, con nuestro trabajo; somos Narciso, porque en el espejo de la vida nos preguntamos quiénes somos; y también Ícaro, porque continuamente intentamos volar con nuestros sueños.” 

Paseo mi mirada por cada uno de los personajes, con el recuerdo de las palabras de Esperanza D´Ors, aún e mi cabeza. Ícaro bate sus alas en el aire, Narciso contempla su bello rostro en el agua, Sísifo arrastra su tierra permanentemente, mientras Prometeo trasporta el fuego robado a los dioses para entregarlo a los hombres.

Las fotos en Google+



















Noche





 Había quedado con Martín en la plaza de la Catedral.

Aproveche para llevarme la cámara y hacer unas fotillas a la Catedral y a San Isidoro.

Afortunadamente esa noche no había niebla.

Las fuentes de León: Fuente de San Marcelo



Tengo un recuerdo muy lejano de pasear con mis padres alrededor de esta fuente, cuando formaba parte de un jardín abierto, por el que entraba la luz y permitía la contemplación de la fuente.

Hoy entre grandes árboles y los muretes del jardín, la fuente se encuentra apresada.

Sería un buen punto de encuentro, sin la vigilancia del reloj (en León siempre se quedaba en el reloj de la plaza de Santo Domingo). Un punto céntrico y rodeado de monumentos por sus cuatro costados.

Siguiendo el mandato inicial
"SALUD PUBLICA Y ADORNO DE LA CIUDAD", sus tres caños refrescan al sediento que sea capaz de izarse a sus muros desgastados y resbaladizos.


 Se trata de un gran cilindro, decorado con motivos frutales, con pilastras jónicas y el escudo de armas de la ciudad de León




Fuentes de León: Fuente de la Plaza de San Isidoro





Un rincón muy familiar al haber sido el espacio de juegos de mi niñez a la salida del colegio.

Salpicaduras, experimentos de flotación y una serie de juegos alrededor del pilón que nos llevaría en más de una ocasión a volver a casa empapados.

Construida en 1.787, se situó inicialmente en el centro de la plaza y posteriormente fue trasladada a uno de los laterales.

Un pilón cuadrado, con un gran pilar central del que brota el agua por dos caños salidos de la boca de dos figuras. En lo alto, se encumbra la figura de un león que sostiene una columna en la que se lee: "LEG VII GEM F" (en honor a la Legio VII, fundadora de la ciudad)

Y en uno de los laterales, inscripción que nos recuerdan la finalidad de la fuente:
"EL COMUN DE LOS VECINOS DE LEON POR LA SALUD PUBLICA Y ADORNO DE LA CIUDAD"



Una de las entradas a la plaza de San Isidoro.



El león es obra del escultor toledado Mariano Salvatierra (el mismo que realizó el Neptuno de la fuente que actualmente tenemos en el parque de San Francisco).