Había que volver al Dart a fotografiar a los mandarines.
Ayer, mientras paleábamos aparecían grupos de jóvenes mandarines por muchos rincones del río.
Provenientes de escapes de colecciones, estos preciosos patos llevan colonizando la isla desde el principio del siglo XX.
Gustan de zonas húmedas con gran cantidad de árboles, donde ponen sus nidos.
El macho (no vimos ninguno) ostenta un vistoso plumaje, mientras que la hembra es más discreta. Los jóvenes tienen un plumaje similar a la hembra, pero más apagado.
Hemos podido disfrutar de cinco jóvenes mandarines, muy confiados, que se alimentaban a última hora de la tarde en la pradera próximas al río.




















































