Búho chico
Los búhos chicos comienzan a incubar desde la puesta del primer huevo. Por ello encontramos tanta diferencia de tamaño entre los pollos de este nido.
Mientras sus hermanos duermen, o esconden la cabeza para no ser vistos, el primerizo mira al fotógrafo con temor o tal vez con curiosidad.
Llama poderosamente la atención el tamaño y el color de sus ojos, lo que provoca una mirada penetrante.
Ocupando un antiguo nido de urraca, este cazador nocturno, prefiere los bosquetes isla a los arbolados extensos.
Muy frecuente en nuestro territorio.
Nota: las fotos se realizaron en un día de temperatura muy templada, sin viento y con mucha celeridad. Y por supuesto sin tocarlos.
El sueño vence a la curiosidad.
Pozo del Curavacas por el valle de Pineda
Vega de Correcaballos en el Valle de Pineda
Pozo del Curavacas
02/06/2015
De vuelta, por la Vega de Correcaballos, galopo sobre la bici ayudado por la ligera inclinación de la pista que acompaña al río Carrión en su descenso.
Ese instante se fija en mis recuerdos: la sencillez del pedaleo, la luz que entra por mi espalda y me permite ver el amplio valle, la soledad y la visión de la norte del Curavacas.
Al final, después de una ruta de montón de kilómetros qué es lo que queda?
El largo trayecto en coche, las averías de la bici, los tropezones con los cantos rodados de la pista, el salto entre los brezos, el calor, ...
-UN INSTANTE!!!!!
El momento en el que te sentiste bien, sin notar esfuerzo en la pedalada o en el ascenso, cuando paraste a beber y sorprendiste a un animalillo, o cuando al llegar a ese collado y lo franqueaste, tuviste esa visión entre majestuosa y escalofriante.
Sensaciones. Buscadores de sensaciones, de pequeños momentos que aporten una brizna de salsa extra a la vida.
Por eso me apetecía como punto final de actividades, recorrer el Valle de Pineda y subir hasta el Pozo del Curavacas.
Un recorrido conocido, pero ya olvidado.
Para ello, después de un viaje kilométrico, aparco a la salida de Vidrieros. El trayecto hacia el Valle de Pineda es sencillo, solo hay que remontar la pista paralela al río Carrión. Desde Vidrieros tomaremos rumbo oeste para ir rectificando y terminar con dirección este por la ladera norte del Curavacas.
Y entre tanto, pasamos de vega en vega, con nombres tan sugerentes como Vega de Sta. Marina, Vega de Correcaballos, El Estrecho o Vega los Cantos.
Con el naciente Carrión a nuestro lado, o bajo las laderas del PicoLezna o del dramático Curavacas hasta el Estrecho, el punto donde las laderas de uno y otro se juntan y apenas dejan paso.
La Vega de los Cantos es como su nombre indica. Una explanada entre montañas tachonada con unos pedruscos de gran tamaño.
Tránsito de la bici a la caminata. El itinerario no necesita explicación. Las torrenteras que se desprenden de la laguna (perfectamente visibles) nos indican su posición.
A orillas del Pozo del Curavacas espero que la gran serpiente que habita el lago aparezca mientras realizo la actividad prosaica de comerme el bocata.
La vuelta mucho más sencilla. Los diecisiete kilómetros de pista en su mayoría de cantos rodados se vuelven más llevaderos con la ligera inclinación.
Tercer tiempo en una de las terrazas de Vidrieros contemplando la cara sur del Negro.
Nota: Una mala gestión de mis archivos fotográficos se llevo al mundo del "erase" todas las fotos del Pozo del Curavacas y un buen montón del Valle de Pineda. De este, alguna quedó, pero para ilustrar el Pozo, ha sido preciso recurrir a las fotos de la anterior salida por la zona.
Vidrieros, bien situado en la cara soleada del Curavacas.
El río Carrión
La pista en los primeros kilómetros va muy próxima al río
Refugio de pescadores.
Comienzan las vegas. Muy cercana al puente Pucherín.
La loma de la izquierda es el final de las estribaciones del Curavacas, el cual vamos bordeando.
Al fondo las Vegas de Sta. Marina. Pero antes es preciso recorrer un nuevo valle.
Antes de llegar a Sta. Marina el camino cruza el río por una serie de vadeos que en mi caso evito acercándome a la ladera de la peña de Sta. Marina y por un sendero (a pie) alcanzo de nuevo la pista una vez sobrepasado los meandros.
Entrada a la Vega de Correcaballos.
Llama de inmediato nuestra atención la cara norte del Curavacas, y el Peña Prieta al fondo.
Los brezos morados en plena floración.
El Estrecho.
Un Carrión primaveral
Entrada a la Vega de los Cantos.
Desde donde se ven los desagües del Pozo del Curavacas.
El desagüe del Pozo del Curavacas
Con el pico Lezna
Cutrepanorámica
La Vega de los Cantos y el Lezna, durante el descenso.
De nuevo con la bici.
Una mirada de adiós.
Gravera de Bercianos
Qué pensarán los peregrinos al ver un coche aparcado en la cuneta, con el portón trasero abierto y en el maletero un tío de pie haciendo fotos???
Lo que no ven es que detrás de la carriza y dentro de la gravera hay cinco preciosas espátulas descansando.
El complejo lagunar de la gravera de Bercianos, es producto del desmonte de tierras necesario para la obtención de materiales para la autovía de Sahagún.
Situada en las proximidades de Bercianos del Real Camino y muy cerca de la laguna de Bercianos
Este espacio sirve como lugar de descanso y repostaje para las aves en migración. Como las espatulas que me encuentro o los chorlitejos grandes. En otros casos, como las cigueñuelas o las avefrías, la gravera servirá como lugar de cría.
Con un observatorio, aprovechable sobre todo con luz de tarde, y con la posibilidad de utilizar la pasarela de servicio que cruza la autovía, en las observaciones de mañana.
A pesar de haber sido un año abundante en lluvias, el agua comienza a retirarse con rapidez. Esperemos nuevas lluvias para que consiga superar el verano.
Las cigüeñuelas juegan a se masais, realizando saltos y emitiendo llamativos sonidos.
Los machos lucen la nuca negra.
Vista de la gravera desde la pasarela que cruza la autovia.
Estamos en Tierra de Campos
Garceta grande y dos garcetas comunes
Espátulas descansando
Chorlitejo grande
Pajareando
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