Una hermosa excursión por el embalse de Selga de Ordás.
02/12/2012
Texto Martín Rey
Hacía mucho frío, unos dos grados bajo cero a las diez y media de la mañana. El brillante y bello sol de invierno, se desplazaba por el despejado cielo haciendo relucir la algodonosa nieve.
Antes de llegar al embalse, vemos por el escarchado camino rodeado de chopos, una pareja de picos picapinos y un flamante picamadero negro, que se movía sigiloso por entre el ramaje.
Al llegar a las orillas medio secas vemos agachadizas comunes, que con sus largos picos dispuestos a escarbar entre la arena, promulgaban la envidia sobre un grupito de andarríos grandes y otro de andarríos chicos.
Al principio no vemos muchas anátidas, solo unos porrones comunes, demasiado lejos que hacían saltar el agua en sus inmersiones. Poco a poco aparecen más patos, y al final de la excursión habíamos visto cientos de porrones comunes, porrones moñudos y cercetas comunes. Más escasos los ánades silbones, ánades frisos y pato cuchara. Los porrones iban en grupos masivos integrados por las dos especies, mientras que las cercetas, que se movían entre el lodo, iban en parejas o en pequeños grupos.´
Los silbones aparecieron aislados y entre un grupo de porrones. Por último el pato cuchara y los ánades frisos los encontramos rastreando con nuestro catalejo una colonia de ánades.
También vimos muchas fochas, unos 20 cormoranes grandes, 1 garza, muchas lavanderas blancas y una cascadeña.
Acabada la observación de anátidas distinguimos un bando de trigueros, de pinzones y muchos herrerillos, carboneros, currucas capirotadas, mosquiteros y petirrojos.
























































