Abedulares de Montrondo



Montrondo, el pueblo de nuestro amigo Fernando. En Omaña.

Partimos desde las proximidades del puerto de la Magdalena y recorremos el valle por el que trascurre el arroyo del Fasgarón.

Por una cuenca glaciar, rodeados de viejas montañas y con los abedulares cargados de color.

El verano ha sido soleado y seco. Los campos aparecen agostados, solo la llamarada de los servales y el amarillo de los abedules refulge entre los ocres.

Hubiéramos deseado un recorrido entre el bosque. Pero los abedules no forman como los hayedos unos bosque inmensos por donde poder circular. En otras ocasiones hemos atravesado bosque de abedules por las proximidades de Fasgar y siempre resultaron ser caminos estrechos, casi sin espacio y perdidos por la falta de uso.

Aún así, el abedular de Montrondo resulta ser una maravilla, sobre todo en esta época.


 El puerto. A estas alturas del año ya no hay ganado. Aunque no se si lo habrá en alguna otra.


Remontando el valle del Fasgarón.

 Una cuenca glaciar, plagada de arboledas.




 Un campamento de altura.


El abedular.





Una explosión de color.