Correlimos menudo



21/05/2017
Ayer tarde, nos acercamos hasta las graveras de Santas Martas.

Es notable la diferencia de agua de estas con las de Grulleros. Santas Martas conserva un gran número de lagunas con un nivel aceptable. Por ello encontramos gran número de ánades reales, algún que otro cuchara y de los patas-largas, un par de agujas, un archibebe claro, avefrías, cigüeñuelas y una pareja de correlimos menudos.

Descubiertos  los correlimos menudos (Calidris minuta) toda nuestra atención se centra en ellos.

Es el menor de los correlimos que atraviesan nuestro territorio en su viaje migratorio. Con un tamaño de 15 centímetros son capaces de recorrer la distancia entre África central y el norte de Europa. Un largo viaje en busca del lugar apropiado para reproducirse.

Los dos menudos descansaban en una zona libre de agua y permitieron que nos acercáramos bastante (con un pequeño brazo de agua de por medio).





La profundidad de campo: si se enfoca uno, ....
.... no se enfoca el otro.
Ahora si.
Lo mismo: si se enfoca uno, ....
... se desenfoca el otro.
En esta los dos.

Otros correlimos que hay por Mareando la Perdiz:

Correlimos tridáctilo  



Correlimos pectoral  

Cigueñas de Santibáñez



La cigüeña blanca (Ciconia ciconia) es otra de esas aves olvidadas. 

Nos gusta ir a verlas, por los árboles del parque de la Candamia o por las espadañas de las iglesias de cualquier pueblo. 

En esta ocasión nos acercamos hasta la colonia de Santibáñez donde las cigüeñas se han apoderado de todos los altos donde es posible poner un nido.

Se calcula que hay en torno a 60 - 80 nidos.

Pasamos la tarde recorriendo el pueblo y haciendo algunas fotos.

















Barnacla canadiense en Chozas



19/05/2017
El jueves me informa Martín que ha visto una barnacla canadiense (Branta canadensis) en las lagunas de Chozas.

Los dos pensamos que seguro que es uno de los ejemplares que tienen en la residencia de la tercera edad de Villar de Mazarife. Aun así, no me resisto a coger las cámaras y plantarme a la mañana siguiente en Chozas a primera hora.

Será una gallina (termino despreciativo que utilizan los pajareros para nombrar a ejemplares raros criados en cautividad, que con posterioridad se sueltan o escapan), pero pocas veces se tiene la posibilidad de contemplar, en un enclave próximo a tu casa, un ganso de este tipo.

Según aparco y salgo del coche, oigo los graznidos de la barnacla. La laguna grande de Chozas (laguna de Cemento) no sufre la tremenda sequía que padecemos esta primavera al tener aporte de un pozo. Subo a uno de sus muros y localizo a la canadiense.

La vegetación que rodea la laguna me permite acercarme a ella sin que se espante y hacerle algunas fotos. 

Hechas las fotos, he podido ver a placer los movimientos de la canadiense. Ha ido recorriendo la laguna a la vez que reclamaba, hasta que una hembra de ánade real junto a su prole ha cruzado la laguna, y nuestra barnacla se ha juntado con el grupo cesando en sus graznidos.

La barnacla comienza a alimentarse y a mi me entran unas ganas terribles de un café.












Otros reportajes de canadienses:

Barnaclas canadienses en Mansands  

Barnaclas canadienses en Slapton Ley


Widdicombe Ley, la laguna de las barnaclas


San Isidoro: Puerta del Perdón

Pienso en la similitud del románico y la montaña.

Las montañas son elevaciones del terreno y el románico es el primer arte creado para levantar templos. Pero al igual que cada montaña tiene su particular forma, sus valles y unos accidentes que la hacen única, los templos románicos erigieron iglesias, catedrales, colegiatas o monasterios, creando obras distintas, con similares patrones, pero guardando la originalidad de sus constructores.

Y si cada una (montaña e iglesia) son únicas por su forma, lo son también a los ojos del espectador. Mi percepción de algunas cimas cambió con los años, al igual que hoy veo los relieves en los muros con otra dimensión.

Cuántas veces habré pasado delante de los muros de San Isidoro (nuestro campo de juegos a la salida colegio). Muchas habré parado delante de la Puerta del Perdón a contemplarla, pero no fue hasta hace unos días, cuando contenplé con detenimiento su tímpano.


Labrado sobre tres piedras distintas, el maestro Esteban (el mismo que trabajó en la puerta de las Platerías de Santiago) nos muestra sobre el tímpano tres escenas distintas: el Descendimiento, la Resureción y la Ascensión.

El matiz que convierte a esta obra en algo particular, lo encontramos en los rostros mofletudos de ciertos personajes y en los pliegues redondeados de sus ropas, que dan a la escena el aire inexpresivo típico de este maestro.


El Descendimiento. Un personaje con largas tenazas retira el clavo de la mano izquierda de Cristo, mientras que la Virgen y San Juan sujetan el brazo liberado y su cuerpo. A ambos lados de la cruz, ángeles portando incensarios.

Podríamos preguntarnos si el maestro Esteban trató de restar dramatismo a la escena, esculpiendo a estos personajes regordetes que trasmiten al espectador un sentimiento de bienestar, más que el propio dramatismo de la escena.










La Resurrección. Un ángel muestra a las tres Marías el sepulcro vacío de Cristo, porque ha resucitado.

De nuevo rostros y túnicas redondeadas, así como las alas del ángel retorcidas de manera antinatural (infantil) para que puedan entrar en la escena.




La Ascensión. Se representa a Cristo subiendo a los cielos, entre dos ángeles sobre los que se apoya.         

Si las alas del ángel de la resurrección se colocaron de forma antinatural, las de estos apenas encuentran espacio y es preciso prestar mucha atención para darse cuenta que son dos ángeles.

 Sitúa en el hastial sur del transepto, recibe este nombre por servir de entrada a los peregrinos que se dirigían a Santiago, si bien solo se abre los Años Santos.

 Bellamente decorada. Destacan dos imágenes de cuerpo entero de San Pedro y San Pablo, ademas del tímpano de la puerta.

 A la izquierda aparece la leyenda: Ascendo ad Patrem meum Patrem vestrum (Asciendo a mi Padre, vuestro Padre). 
 El tímpano se apoya sobre dos mochetas con figuras, perro a la izquierda (aunque parece un oso) y dragón a la derecha.

Miran e intimidan al visitante.

 San Pablo (izquierda) y San Pedro.

En la ménsula, sobre la que descansa el primero, aparece su nombre.

En el segundo no aparece, se le reconoce por las llaves.

 

 Detalle de algunos canecillos.



 Detalle de los mofletudos.