Agachadiza común


25/04/2017
El día que visitamos la Réserve Ornithologique du Teich, recuerdo entrar en uno de sus observatorios y encontrar a una docena de pajareros (o más) embutidos en las troneras de tal forma que apenas entraba algo de luz por ellas. El motivo, un par de agachadizas comunes que se encontraban alimentándose a dos o tres metros del refugio.

Muy educadamente, espere mi turno, para llegar a primera línea. Y después de dar alguno que otro codazo conseguí alzar mi cámara y hacer alguna fotilla.

Similar a las salidas por nuestro local patch.

Grulleros se resiente de la sequía que estamos viviendo esta primavera. Muchas de sus lagunas están secas, pero las que mantienen una pequeña lámina de agua, sirven como estación de descanso para multitud de aves que vuelan al norte hacia sus zonas de cría.

La luz es buena a primera hora de la mañana. Los caminos están despejados y el hide es nuestro propio coche.

Nos aproximamos a la lámina de agua, paramos el motor y dejamos que la agachadiza se nos aproxime. No hay codazos, nadie nos sopla la oreja.

La Agachadiza común (Gallinago gallinago) es una limícola muy esquiva que cuando se ve sorprendida levanta el vuelo con arrancada brusca, emitiendo un chillido corto y metálico. De coloración parduzca es fácilmente identificable por su largo pico.

Se pasea delante de nosotros sin dejar de picotear entre el lodo en busca de invertebrados con movimientos rápidos.

Mientras se aleja, damos marcha atrás y vamos en busca de otras aves.

Y no hemos tenido que sacar entrada!!!!!













San Pedro de la Nave



22/04/2017
Hoy he sufrido un Stendhalazo*.

Hacíamos tiempo antes de enfrentarnos a la aventura del busardo moro. Hacer tiempo, es una manera de hablar, ya que la visita a San Pedro de la Nave era indiscutible.

En El Campillo, al oeste de Zamora y muy cercano a las aguas del río Esla, que en ese punto arremansan para formar el embalse de Ricobayo, se encuentra la iglesia de San Pedro de la Nave.

Una iglesia de estilo visigodo. Posiblemente la más importante en cuanto a conservación y arquitectura de todo el arte visigodo en la península.

A las afueras del pueblo, sin construcciones aledañas que entorpezcan su visión, el exterior de la iglesia reúne todas las características del arte visigodo: sillería con grandes bloques perfectamente cortados y escuadrados (unidos sin utilización de argamasa), anchos muros para soportar bóvedas de medio cañón, vanos muy reducidos, planta combinada de cruz griega y basilical, utilización de arco de herradura y decoración en los muros de elementos florales y geométricos.

Ha sido a la entrada cuando sufrí el Stendhalazo. La sobriedad exterior no se corresponde con el alarde arquitectónico que encontramos en su interior.

La luz tamizada, el silencio, los espacios que desde el exterior se presumen pequeños y muy compartimentados, aparecen amplios, con unos pasos entre habitáculos con hermosos arcos de herradura y ventanales con pequeñas columnas que habrá que esperar doscientos años para volver a verlos en algunas iglesias del prerromanico asturiano.

La magia de San Pedro de la Nave pudo desaparecer cuando se proyectó levantar la presa sobre las aguas del río Esla, para construir el embalse de Ricobayo, amenazando con cubrirla.

Por este motivo, fue necesario desplazarla de su asentamiento original (al igual que todos los vecinos del pueblo de San Pedro de la Nave) hacia la localidad de El Campillo.

Fue el historiador y arqueólogo Manuel Gómez Moreno el impulsor del traslado (el ejecutor sería el arquitecto Alejandro Ferránt) que obligó a desmontar la iglesia piedra a piedra, para volver a montarla en el lugar que ahora la visitamos, entre los años 1930 y 1932 (periodo de dictadura del general Berenguer (1930-1931) y primer año de la Segunda República).

He recorrido todos sus huecos, me he recreado con la suavidad del mármol de sus columnas, y he admirado la decoración de sus muros. Afuera me esperan mis amigos (y si somos afortunados un busardo moro), pero me cuesta abandonar San Pedro de la Nave.


 Consta de tres naves, atravesadas por la del crucero, de igual altura, que la nave central.
Se observa perfectamente las hiladas irregulares de bloques perfectamente cortados y escuadrados y unidos sin argamasa (a hueso). Técnica heredada de la arquitectura romana.
   Tres puertas de acceso.

 Vanos de pequeño tamaño.





Interior


La nave de crucero y toda la cabecera tiene bóvedas de cañón semicircular.
Es frecuente la existencia de cámaras elevadas a las que hay que acceder por escalera de mano (la ventana oscurecida sobre el arco triunfal), donde se supone guardaban tesoros o archivos.
Dos aposentos comunicados cada uno de ellos con la nave central por medio de una puerta y una ventana de tres huecos








Todos los arcos, excepto los de paso de los pórticos laterales al crucero que son de medio punto peraltados, son de herradura.






Según los textos de San Isidoro la belleza de un edificio se logra mediante los adornos y la decoración, más que en las líneas de su estructura exterior. Fruto de esa enseñanza, el arte visigodo utiliza los muros para esculpir motivos geométricos y florales, y decora las ventanas con espléndidas columnas.
Esto hizo que los visigodos aprovecharan con frecuencia materiales de mármol provenientes de antiguos edificios romanos.


El cimborrio, existente en la intersección de la nave central con la del crucero, tiene una ventana en cada uno de sus cuatro muros. Estaba cubierto por bóveda de arista en piedra, que se encontró derruida y ha sido reconstruida en ladrillo.
San Pedro de la Nave resulta una iglesia muy proporcionada, en perfecto estado de conservación ( no olvidemos que se terminó de montar en 1932), con una decoración muy interesante, que nos da una idea de la arquitectura visigoda en España.


*El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones, depresiones e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente cuando estas son particularmente bellas.

Utiliza el nombre del escritor francés Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quién experimentó dicho fenómeno cuando visitaba la basílica de la Santa Cruz en Florencia.
En uno de sus libros relató el suceso de la siguiente manera: «Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Cruz, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».

Nota del autor: Tengo que decir que mi Stendhalazo no llegó a esos niveles.

Retriñón

Konicoleando en la cima del Retriñón

Retriñón

Mayaín

19/04/2017
De nuevo cruzo el Pajares hacia la montaña asturiana. Hacia el Retriñon, desde la localidad allerana de Felechosa.

El amanecer me sorprende por las tierras de Gordón. El día se presenta radiante y sin nubes, hasta que en las proximidades del puerto entro en la niebla y comienzo a plantearme si mi apuesta por las tierras alleranas será la correcta.

Afortunadamente cuando me separo del puerto vuelvo a ver la luz y a la entrada de Felechosa la cosa no pinta mal.

Para alcanzar el Retriñón desde Felechosa me sirvo del sendero PR AS-30 "Ruta las Brañas". Un recorrido circular que parte de Felechosa y recorre un buen numero de brañas hasta alcanzar la base del Retriñón, punto donde abandonaremos el sendero para atacar directamente la cima.

Si apenas posibilidad de equivocar el camino, ascendemos por un camino tradicional hacia multitud de prados y brañas. El camino asciende en todo momento sin descanso, entre arboleda que resplandece con la hoja nueva. Los pájaros apuran sus cantos en busca de pareja y apenas son conscientes del caminante que para para observarles.

Cercano al Mayaín (la braña proxima a la Collá de la Felguera) la niebla intenta engullirme. Solo la pirámide cimera del Retrión parece sobresalir de ella.

Cruzo un rodal de acebos (de los que me daré cuenta de su extensión cuando baje de la cima) y me sitúo en la Collá de la Valencia. Ya solo resta superar una ultima rampa, una rampa de casi 600 metros de desnivel.

Un filósofo (o vete a saber quien!) dijo: "Quién vaya contando los árboles, no respirará el aire fresco del bosque". No necesito ni GPS, ni altimetro para ver lo que aún me resta. En cada parada miro los montes que consiguen romper la capa de niebla para asomar su cima, o los valles que aparecen en la vertiente este.

CIMA!!!!!

Viento, sol, niebla y una luz cegadora que inunda toda la cima. Qué más se puede pedir????

-Que gane el Madrid.


Mapa del recorrido
Felechosa es una población grande. Cuando aparco entre sus calles, me da la sensación que estoy de visita turística más que de monte.


Ermita de las angustias, en la parte alta del pueblo, es el punto de inicio del PR AS 30
Y tu qué?
Difícil perder el camino. Hay suficientes marcas PR.


La "Ruta de la Brañas" o la "Ruta de las Vallas"




Camino en algunos tramos empedrado.
Brañas por la zona de la Gamonal


No está muy claro si la niebla levantará.




Entro en el Mayaín y tengo la primera visión de parte del Retriñón.
La niebla esta entrando por la collada de la Felguera y parece querer cubrirlo todo.


Collá del la Felguera.
Ya en la collá de la Valencia.
Posiblemente los valles de Tabierna.


A pesar del gran desnivel que hay que superar en el último tramo, este se sube bien. El sendero asciende entre gradas que facilitan la ascensión. En el cambio de vertiente aparece un paraje realmente estupendo. Caminar por esos prados de altura resulta fabuloso (bien es verdad que uno no es superman, ni spidermán, ni pollaman y los casi 1200 metros de desnivel que las piernas ya acumulan, se notan).




CIMA!!!!!


Mar de nieblas.




Reflexiones en la cima.


En el descenso la niebla desaparece como absorbida por el dragón Fújur, y descubro el esplendido rodal de acebos que hay entre la Collá de la Felguera y la de Valencia.


El Retriñón. Casi 600 metros de desnivel.


Otro bosquete de acebos en las proximidades del Mayaín.