Wales: Ramsey





21/06/2015
Lo primero que pide el capitán, nada más embarcar, es que compruebes que en tu mochila no llevas una rata.

No es que nos vean con pinta de desarrapados, el motivo y la broma, viene a colación del barco que zozobró cerca de la costa de Ramsey y cuyos pasajeros de cuatro patas, morro puntiagudo y colas largas abordaron la isla, liquidando la población de puffin de la isla en pocos años.

La tragedia creó una huella tan grande en las aves, que desde entonces los puffin no han vuelto a la isla, a pesar de los reclamos que tienen instalados en algunos puntos de la isla.

Hemos tenido que madrugar para llegar al puerto de St Justinian en el otro extremo de la bahía. Skomer y Ramsey, las islas gemelas que dan paso a la bahía de St Brides.

Apenas un kilómetro de separación entre la isla y la costa, y algo más de tres kilómetros de larga, esta isla, propiedad de la RSPB (Sociedad Real para la Protección de las Aves), es más bien un objetivo de senderismo, que de pajareo.

En la isla existen un gran número de colonias de araos y alcas, pero su observación resulta complicada y lejana, al situarse en los acantilados. La isla es el mejor punto en Gales para la observación de las chovas piquirrojas, pero acostumbrados a verlas por nuestra tierra, no le prestamos mucha atención.

Otro punto fuerte es la observación de cetáceos. Alguna aleta vimos después de un buen rato de sacarnos los ojos con los prismas.

Pero lo realmente gratificante ha sido recorrer la isla. Con un día radiante y buena temperatura, caminar por los senderos de Ramsey resultó espléndido. Sin apenas elevaciones y con grandes explanadas, donde la vista se pierde en el infinito del mar.



El puerto de St Justinian.
Al fondo la isla de Ramsey. En el centro del puerto una curiosa construcción de techo rojo que llama poderosamente la atención.
El edificio de techo rojo: una estación de salvamento marítimo. Un barco insumergible situado sobre unos carriles y preparado para recibir su tripulación y ser lanzado al mar.
Nosotros embarcamos en un barco más normalito, contentos de saber que si naufraga, el salvamento vendrá raudo y veloz a rescatarnos.
Ramsey, con su pequeño puerto y el edificio de la RSPB donde habitan los cuidadores y voluntarios de la isla.
Digitales.
El estrecho que separa Ramsey de la Gran Isla.
En otro tiempo todos estos terrenos fueron aprovechados. Hoy solo hierva y helechos.
Nuestro camino va paralelo a uno de los muros que dividían parcelas.

Amplias explanadas.

Martín localiza dos tipos de bisbitas; el pratense y el costero, y nos matiza las características de cada uno.
 Bisbita pratense



 Bisbita costero



La vista no encuentra ninguna barrera y se pierde en el infinito.
Nos encontramos con un joven que se encuentra en la isla como voluntario y nos acompaña a el punto desde donde se puede ver el nido del halcón peregrino. En estos momentos estará cazando.
Ramsey
La segunda elevación de la isla.

Seguimos el sendero que recorre la isla acercándose en algunos tramos por los acantilados que nos permiten ver las colonias de álcidos.







Hemos superado un collado de veinte o veinticinco metros de altitud, lo más fatigoso del día, para descender a una nueva zona de acantilados.


Apurando el paso en los últimos metros, en preciso estar a la hora. Puntualidad británica.

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