Torbay y III


El día ha ido cambiando. Una ligera capa de nubes cubre el cielo y un viento frío nos obliga a abrigarnos.
 
Antes de alcanzar el promontorio de Berry Head, decidimos acercarnos hasta los acantilados norte, donde se encuentra una colonia de fulmar boreal, ya que Martín no la conoce.

 
Paredes verticales producto de una antigua cantera.

 Fulmar boreal.

 
En la explanada del promontorio de Berry Head. Un lugar fortificado para proteger Torbay de las invasiones del ejercito francés.

Es a su vez un espacio protegido como Reserva Natural Nacional, Reserva Natural Local y Sitio de Especial Interés Cientítico.

Al mirar hacia la colonia de araos, vemos que estos se han dado a la fuga (temiendo tal vez a los turistas). Encontramos las plataformas de la colonia vacías (ya nos ocurrió en otra ocasión, encontrarla vacía, y a los pocos días volver y encontrarnos con un número entre 700 y 800 ejemplares).

Esta señal tan curiosa llama nuestra atención. Nos intenta avisar del riesgo de resbalar en la zona, pero el muñeco tiene una posición muy inusual respecto a la caída.  


Ahora se entiende más claramente la señal.
 
Una foto tomada desde el mar, el día que hicimos un tour por la costa, nos permite hacernos mejor idea del promontorio de Berry Head.

Las vistas son grandiosas. Aún nos continua impresionando la tranquilidad de estas aguas.

Antes de venirnos, pensábamos que este sería un mar de aguas enfurecidas, que se agitarían frente a la costa de manera feroz.

Para nuestra sorpresa, la mayor parte de los días, el mar se muestra como las aguas de un embalse a primeras horas de la mañana, sin olas, formando una lámina plomiza que refleja los rayos de sol.

Contentos. Estamos en Berry Head, el extremo sur de la bahía de Torbay.

La actividad terrestre tiene que dar paso a la marina.

El faro.

Desandamos nuestros camino....

hacia....
 
el puerto de.....

Brixham.

Donde cogemos el transbordador que nos llevará al puerto de Torquay.

Faro del malecón de Brixham.

Un trayecto de 20 minutos, por el increíble precio de una libra.
 
El día se ha ido estropeando. Durante la travesía, decidimos refugiarnos del gélido viento que sopla en medio de la bahía, tras la cabina de mandos. El capitán siente la presión a sus espaldas, temiendo que en cualquier momento nos amotinemos y decidamos tomar el mando (fruto de los encuentros con piratas por las calles de Brixhan).
 
Entrando en el puerto de Torquay.

Al igual que las casetas de playa de Paignton, la noria ha vuelto a Torquay después de pasar el invierno en algún oscuro almacen.

La última playa. La de Torquay. Muy pequeña para una población tan grande.

Solo restan tres kilómetros y medio para llegar a casa. Un trayecto muy conocido para nosotros.

Cerramos el circulo a la bahía de Torbay. Un día intenso de playas, bosque, sol y, al final del día, viento y frío.

Una salida en familia, con amigos, por estas tierras que en un inicio fueron ajenas, pero que hoy ya son parte de nosotros. (Cuidado konico que te estás poniendo pegajoso)

Va por ti, Martín, que tanto te gustan los reportajes largos.....



 

2 comentarios:

  1. Hacia tiempo que no me paseaba por tu blog. Esos acantilados me han recordado a los los Llanes. Bonita excursión y largo post, como le gustan a Martín. Un abrazo para todos. Esperamos veros pronto

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  2. Hola Javier.
    Yo me paso cada poco por el tuyo. Sigo vuestras andanzas por las aristas. Tendrás que cambiar el nombre: "Aristas de la Montaña Leonesa".
    Aún nos quedan unos meses que intentaremos aprovechar.

    Saludos Javier, y recuerdos a Pepa.

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